miércoles, 3 de septiembre de 2008

Los videojuegos, algo más que un entretenimiento.

Los videojuegos es todo tipo de juego digital interactivo que constituye una de las fuentes de entretenimiento más importante y una de las entradas más directas a la cultura informática y a la cultura de la simulación para los niños y adolescentes. Pero, ¿Aportará algún beneficio para los jóvenes?, ¿Estamos hablando de una adicción o de aficionados a los videojuegos?

Los videojuegos constituyen un desafío permanente para los jóvenes que, además de observar y analizar el ambiente, deben asemejar y retener información, realizar razonamientos inductivos y deductivos, deben construir y aplicar estrategias cognitivas de manera organizada y desarrollar determinadas habilidades psicomotrices (lateralidad, coordinación psicomotor,etc.) para afrontar las situaciones problemáticas que se van sucediendo ante la pantalla. Aquí el jugador siempre se involucra y se ve obligado a tomar decisiones y ejecutar acciones motoras continuamente, aspecto muy apreciado por los niños y adolescentes, generalmente con tendencia a la hiperactividad; por lo que el juego supone un desahogo para liberar tensiones.

La mayoría de las veces se suele lograr el objetivo que se tiene ante un juego, ya sea de aventura, de lucha, de carrera o velocidad, de destreza o simplemente educativos, cuyo objetivo es dar a conocer al usuario algún tipo de conocimiento. Además se necesitan habilidades psicomotrices, que se van mejorando progresivamente cada vez que jugamos, por lo tanto se necesita persistencia en las actividades que se proponen, lo que resulta altamente positivo, pues los jóvenes se habitúan a persistir en el esfuerzo, lo que conducirá al logro de sus metas y su autoestima aumentará pues vendrá acompañado del éxito, lo que provocara satisfacción al jugador.

Un factor que preocupa mucho es la adicción. De hecho, todos los juegos crean una cierta adición, es una de las claves del éxito de un juego. Los adolescentes se entusiasman demasiado con los videojuegos, lo que provoca que la mayoría de las veces le dediquen un tiempo desproporcionado a éste, provocando la adicción. En algunos casos esta adicción puede provocar estrés y fatiga ocular y, unida a malas posiciones ante la máquina y prolongados estados tensionales, podrá dar lugar a dolores musculares e incluso originar problemas de columna vertebral. Muchos de los videojuegos son violentos y presentan una visión estereotipada y deshumanizada del mundo que se muestra con valores sociales errados tan poco recomendables como el: sexismo, racismo, maniqueísmo, militarismo, etc. No obstante, para sus usuarios queda bastante claro que se trata de un juego, un juego que precisamente les permite experimentar la transgresión de las normas, pues ellos deciden que hacer con su personaje, en el juego.

Sin duda los videojuegos en general mejoran los reflejos, la psicomotricidad, la iniciativa y autonomía de los jugadores, algunos juegos agudizan el pensamiento crítico, mejoran las habilidades sociales y aumentan la capacidad empática de los jugadores. Pero en definitiva, lo ideal también es que puedan utilizarse en el ámbito educativo con una funcionalidad didáctica para contribuir al logro de determinados objetivos educativos, que permitan aprender diferentes tipos de habilidades y estrategias, estos ayudarían a dinamizar las relaciones entre los niños del grupo, no sólo desde el punto de vista de la socialización sino también en la propia dinámica de aprendizaje. Por último permitiría introducir el análisis de valores y conductas a partir de la reflexión de los contenidos de los propios juegos; esto acompañado de la preocupación de los padres, ante el cuidado de sus hijos frente a la consola de manera moderada, conllevaría los aspectos positivos de jugar videojuegos.

Javiera de la Lúz Azúa Fariña.

Trastorno Bipolar: entre la risa y el llanto

Quizás a muchos se nos hace conocido el término de “bipolaridad”, pero ¿en qué consiste?

Este trastorno, que es antiguamente conocido con el nombre de trastorno maniaco-depresivo, ha sido definido como un trastorno del ánimo, el cual deja al individuo que lo padece inhabilitado para controlar sus cambios de ánimo. Hay dos estados de ánimos que son muy comunes en quienes padecen este trastorno, uno es conocido como el POLO DEPRESIVO, que consiste en la manifestación de los síntomas comunes que presenta una depresión, pero de una forma más intensa y extrema, y el otro conocido como el POLO MANÍACO, en el cual se presenta un estado anímico normal y continuamente elevado, generando cierta irritabilidad en quienes rodean al individuo que lo padece. Ambos estados de ánimo se dan de forma inconsciente en el individuo.

Cabe destacar la existencia de ciertos síntomas en las personas bipolares que van desde un humor muy bajo e irritable, pasando por fatiga, aumento o disminución de peso, insomnio, etc.

Las estadísticas hablan de que más de 750 mil chilenos sufren de este trastorno, y de esta cifra un alto porcentaje corresponde a jóvenes de entre 25 y 29 años, lo que hace muy importante llevar a cabo un tratamiento, ya que, de lo contrario puede provocar incluso la muerte en quienes padecen este trastorno.

Para la psicología, aún no está claro el principal causante del trastorno bipolar. En algunas investigaciones se ha llegado a la conclusión de que la bipolaridad se da por falta de Carbonato de Litio, tipo de sal natural que actúa como neurotransmisor distribuyéndose a través de los nervios del cerebro. Otras investigaciones atribuyen la causal, a los genes del individuo, donde lo más probable es que diversos genes actúen juntos.

El tratamiento de este trastorno, es muy riguroso, ya que, si se lleva a cabo de una forma inapropiada, sus consecuencias pueden ser fatales. Este tratamiento consta de medicamentos y/o psicoterapia. Algunos de los medicamentos más comunes son el Depakote, Tegretoln y Neurotin. Cuando la persona sufre del polo maníaco, generalmente se le recetan inductores del sueño. Además cabe destacar que este tratamiento es a largo plazo, y en algunos casos se debe llevar a cabo de por vida.

Jennifer Araya Arancibia